... ¿SIN SALIDA?
El fútbol argentino está atrapado
en una trampa que, cada vez en mayor medida, parece convertirse en mortal.
Acorralado desde diferentes sectores que solo buscan preservar sus propios
intereses o maximizar sus beneficios, tambalea desde hace rato. No se vislumbra
un principio de salida a ese laberinto, en el que exprimen hasta su última
gota. Fiel reflejo de esta situación es la crisis que se vive en el mundo
Independiente. Pero no es el único que supo estar en jaque en el nuevo milenio.
Del 2000 en adelante hubo varios establecimientos a punto de sucumbir dada la
gravedad de sus problemas financieros e institucionales: River, Racing, San
Lorenzo, Talleres, Belgrano, Quilmes, Newell’s, Central, Colón y muchos otros
clubes del ascenso se podrían agregar a esta lista bien amplia. ¿Cómo lograr un
funcionamiento equilibrado y transparente de las instituciones?
Con el Programa Fútbol Para Todos
hubo quienes creímos que el Estado iba a colaborar con este proceso necesario y
urgente. Lamentablemente, no sirvió como puntapié inicial; los vicios del
sistema se mantienen. Se requiere un corte profundo, que permita una
renovación: hay que terminar con las barrabravas que manejan los destinos de un
club; poner un freno a los manejos políticos que se han hecho en este universo,
erradicar a los delincuentes de guante blanco que funden las economías de los
clubes, esos que hoy tristemente ostentan pasivos tan abultados como imposibles
de pagar en un plazo razonable. Nos debemos un debate serio; hay que barajar y dar
de nuevo.
No se trata de caer sobre con
saña sobre alguien en especial, sería reducir el análisis logrando una
simplificación absurda de un fenómeno complejo y multicausal. Ni la AFA ni los gobiernos ni las
dirigencias son enteramente culpables, sino que todos ellos tienen una cuota de
responsabilidad. Unos más que otros, eso es innegable también. Lo necesario es
actuar para encontrar soluciones, lograr avances. El camino es largo y sinuoso,
más no intransitable. Se requiere, como muchos pregonan, una firme decisión
política. Pero es imprescindible aunar voluntades y esfuerzos con un objetivo
en común: que los clubes vuelvan a ocupar el lugar de referentes
socioculturales de las comunidades de nuestro país, ámbitos de socialización
que conjugaban deporte y cultura. Para ello, el rol del Estado es importante.
La lógica mercantilista no puede ni debe apoderarse de todo lo que encuentra a
su paso.
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