A casi seis meses de su surgimiento, la polémica desatada en torno al periodismo militante continúa vigente. Muchos todavía creen que, por un lado, existen periodistas “profesionales, independientes y objetivos” y, por el otro, un grupo antagónico tildado de “militante”. ¿Acaso es tal la distinción o se trata de las dos caras de una misma moneda?
Repasemos el surgimiento del debate, lo que nos permitirá comprender algunas particularidades en la actual coyuntura política. La mecha se encendió el 21 de noviembre de 2010 cuando La Nación publicó en su edición dominical una entrevista a Martín García, por aquellos días flamante presidente de TELAM, quien sostuvo que “Soy primero militante, después periodista”. Las repercusiones de sus dichos poco tardaron en aparecer.
Ejemplos sobraron. El dueño de la Editorial Perfil, Jorge Fontevecchia, fiel a sus pensamientos, acusó a los periodistas militantes de ser oficialistas y estar movilizados por sentimientos de rabia y envidia respecto de los “profesionales” que llegaron a trabajar en los grandes medios. Por su parte, los panelistas de 678 se reivindicaron como militantes, dejando en claro la posición desde que ejercen periodismo: su orgullosa militancia a favor del kirchnerismo.
Es cierto que el periodismo es una profesión con diversos matices pero de ninguna manera admite una diferenciación tal entre “independientes y militantes”. Ambas “clases” de periodistas tienen ideologías y valores (por más diferentes que resultasen) y están sometidos a las mismas reglas de juego impuestas por el sistema y los medios de comunicación en los que se desempeñan.
Además utilizan similares técnicas periodísticas y se desarrollan en iguales condiciones de deterioro y precariedad laboral. La confusión radica en la pretensión utópica de lograr objetividad e independencia y, por como si fuera poco, hacer alarde del alcanzar esos fines.
Los periodistas no escapan a las ideologías ni a las presiones económicas o políticas de las corporaciones mediáticas, las cuales en la actualidad están pasando a formar parte de conglomerados empresariales.
La reflexión que debe surgir a partir de este debate es sobre la cuestión de la objetividad e independencia. ¿Existe realmente un periodismo con estas características?
La credibilidad en el periodismo es una virtud y un capital simbólico fundamental en el ejercicio de la profesión. Ahora bien, ¿el medio, el periodista o ambos deben ser creíbles? Mi opinión es que los dos deberían serlo, pero es probable que cada lector tenga una opinión diferente.
En cuanto a la independencia profesional, en su versión absoluta ésta no existe. Los periodistas se desempeñan en empresas privadas o públicas con intereses determinados. Esto, en mayor o menor medida, funciona como marco para que el periodista pueda desarrollar su tarea, ya de por sí condicionada por su propia ideología o modo de percibir la realidad.
Otro ítem a tener en cuenta es reconocer hasta qué punto el periodismo o los medios brindan credibilidad para la sociedad. La objetividad es una construcción que pretende reflejar la realidad del modo más fiel que resulte posible. En este proceso, influyen los “filtros”, posicionamientos y valores que cada periodista posee, y también hay condicionantes externos vinculados con los intereses de la empresa para la que trabaja y la responsabilidad social de la información que brinda.
Plantear una distinción entre periodistas “profesionales, independientes y objetivos” o “militantes” es llevar a cabo un análisis maniqueo y absurdo de la profesión.
No hay comentarios:
Publicar un comentario