Simpatías y rencores. O sensaciones similares me generó el artículo de Aliverti. Por un lado, sentí una profunda curiosidad sólo con ver el título y el autor de la nota. Satisfacción tras unas cuantas palabras. Asimismo, cuando finalicé la lectura creí haberme topado con la opinión de un obsecuente y desmedido defensor de la gestión K. A priori y teniendo en cuenta quien escribía, imaginaba un análisis rico y profundo. Sin embargo, no encontré lo que buscaba. No lo culpo a Aliverti que suele cautivarme con su prosa y sus agudas reflexiones. ¿Quizás todavía sea demasiado ingenuo como para pretender encontrar críticas al gobierno en un diario de tinte hiperoficialista? Puede ser. De todas maneras, al tratarse de un diario serio y respetable como Página/12, pretendía hallar material más interesante. Con esto no quiero decir que sea frecuente que bajen línea a los periodistas indicándoles qué tienen que escribir, sino que a partir del diario en que publica sus notas, Aliverti debió tomar partido por unos o por otros. (Esto último es una hipótesis propia)



A pesar de que comparto muchas de sus apreciaciones, creo que el locutor fundador de ETER (la primera escuela Terciaria de Estudios Radiofónicos de Latinoamérica) también ha caído en esta lógica reduccionista que domina el periodismo actual: ser oficialista u opositor. No hay lugar para medias tintas. Se está del lado de los buenos o de los malos. Dejo de lado la ilusión de ser independiente de la que tantos medios se jactan en pos de avivar otro debate: ¿por qué vivimos en presencia de periodistas totalmente divididos en pro y anti kirchneristas? ¿Acaso resulta imposible imaginar que un periodista de cualquier medio sea capaz de destacar los aciertos del gobierno y, al mismo tiempo, criticar sus errores? Por el momento parece lejano el tiempo en que eso ocurra. La injerencia de las patronales respecto de los profesionales que trabajan para sus empresas es, cada vez en mayor medida, indudable, determinante y hasta perjudicial para el producto final. Los principales ejecutivos perseguidores de intereses bien distintos a los de un simple lector, espectador u oyente, condicionan de sobremanera a quienes ejercen la profesión en sus firmas.
Está claro que la realidad no existe. Es una construcción contada de diversas formas. Ahora bien, tampoco caben dudas que en ese proceso de construcción y posterior difusión juegan un rol fundamental los que manejan los destinos económicos de las empresas periodísticas. De este modo la línea editorial se convierte, para los dueños de los medios, en la herramienta más potente y eficaz para conseguir poder político, económico y social.
Está claro que la realidad no existe. Es una construcción contada de diversas formas. Ahora bien, tampoco caben dudas que en ese proceso de construcción y posterior difusión juegan un rol fundamental los que manejan los destinos económicos de las empresas periodísticas. De este modo la línea editorial se convierte, para los dueños de los medios, en la herramienta más potente y eficaz para conseguir poder político, económico y social.
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