sábado, 1 de agosto de 2015

EL ENCUENTRO




La angustia, la pena y el dolor por aquello que ya no fue deja paso a la impotencia de esto que no logra comenzar a ser. El temor, obstáculo indeseable en cualquier circunstancia, vuelve los pies de plomo, congela los sentidos y detiene el corazón. Lo asusta, lo daña con sus herramientas. La confianza se estremece y no hay razones para comprenderlo. Pensar y pensar. Es absurdo.
El valor para dar un paso adelante está al alcance de la mano, aunque se esfuma allá en el horizonte sombrío, oscuro, desierto. Lo asfixian los miedos más cobardes mientras se esfuerza por avanzar, muy lentamente y a tientas. Se demora, lastima a cada paso. Lo intenta una y otra vez. Lamenta lo pasado y se resigna a resignarse. Allá, a lo lejos, sueña con un encuentro que tuerza el rumbo del destino. Anhela reencontrarse con la felicidad.



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