Unas reflexiones del siempre lúcido y vigente Eduardo Galeano, escritor nacido en Uruguay pero que representa a la patria grande latinoamericana. Luchador incansable contra toda injusticia en el mundo, el autor de las "Venas abiertas de América Latina" analiza la situación en Palestina, los diferentes terrorismos y el sufrimiento de un pueblo bombardeado que lucha desde hace décadas por sus derechos. El texto compartido fue publicado por la Agencia Walsh (AW).
PALESTINA
La Construcción de un Estado
está en punto cero
(AW)Hace décadas se había
aprobado en las Naciones Unidas la construcción de un Estado
Palestino al igual que Israel. Pero fue bloqueado por el voto de EEUU
en el Consejo de Seguridad de la ONU, que en este caso fue de palo.
Una situación muy grave que atrae las plumas de diversas
geografías. Así, Eduardo Galeano nos ofrece su
preocupación y sus incógnitas.
Un país bombardea dos países.
La impunidad podría resultar asombrosa si no fuera costumbre.
Algunas tímidas protestas dicen que hubo errores. ¿Hasta
cuándo los horrores se seguirán llamando errores?
Esta carnicería de civiles se
desató a partir del secuestro de un soldado. ¿Hasta
cuándo el secuestro de un soldado israelí podrá
justificar el secuestro de la soberanía Palestina? ¿Hasta
cuándo el secuestro de dos soldados israelíes podrá
justificar el secuestro del Líbano entero?
La cacería de judíos fue,
durante siglos, el deporte preferido de los europeos. En Auschwitz
desembocó un antiguo río de espantos, que había
atravesado toda Europa. ¿Hasta cuándo seguirán
los palestinos y otros árabes pagando crímenes que no
cometieron?
Hezbollá no existía
cuando Israel arrasó el Líbano en sus invasiones
anteriores. ¿Hasta cuándo nos seguiremos creyendo el
cuento del agresor agredido, que practica el terrorismo porque tiene
derecho a defenderse del terrorismo?
Iraq, Afganistán, Palestina,
Líbano… ¿Hasta cuándo se podrá seguir
exterminando países impunemente?
Las torturas de Abu Ghraib, que han
despertado cierto malestar universal, no tienen nada de nuevo para
nosotros, los latinoamericanos. Nuestros militares aprendieron esas
técnicas de interrogatorio en la Escuela de las Américas,
que ahora perdió el nombre pero no las mañas. ¿Hasta
cuándo seguiremos aceptando que la tortura se siga
legitimando, como hizo la Corte Suprema de Israel, en nombre de la
legítima defensa de la patria?
Israel ha desoído cuarenta y
seis recomendaciones de la Asamblea General y de otros organismos de
las Naciones Unidas. ¿Hasta cuándo el gobierno israelí
seguirá ejerciendo el privilegio de ser sordo?
Las Naciones Unidas recomiendan pero no
deciden. Cuando deciden, la Casa Blanca impide que decidan, porque
tiene derecho de veto. La Casa Blanca ha vetado, en el Consejo de
Seguridad, cuarenta resoluciones que condenaban a Israel. ¿Hasta
cuándo las Naciones Unidas seguirán actuando como si
fueran otro nombre de los EE.UU.?
Desde que los palestinos fueron
desalojados de sus casas y despojados de sus tierras, mucha sangre ha
corrido. ¿Hasta cuándo seguirá corriendo la
sangre para que la fuerza justifique lo que el derecho niega?
La historia se repite, día tras
día, año tras año, y un israelí muere por
cada diez árabes que mueren. ¿Hasta cuándo
seguirá valiendo diez veces más la vida de cada
israelí?
En proporción a la población,
los cincuenta mil civiles, en su mayoría mujeres y niños,
muertos en Iraq, equivalen a ochocientos mil estadounidenses. ¿Hasta
cuándo seguiremos aceptando, como si fuera costumbre, la
matanza de iraquíes, en una guerra ciega que ha olvidado sus
pretextos? ¿Hasta cuándo seguirá siendo normal
que los vivos y los muertos sean de primera, segunda, tercera o
cuarta categoría?
Irán está desarrollando
la energía nuclear. ¿Hasta cuándo seguiremos
creyendo que eso basta para probar que un país es un peligro
para la humanidad? A la llamada comunidad internacional no la
angustia para nada el hecho de que Israel tenga doscientas cincuenta
bombas atómicas, aunque es un país que vive al borde de
un ataque de nervios. ¿Quién maneja el peligrosímetro
universal? ¿Habrá sido Irán el país que
arrojó las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki?
En la era de la globalización,
el derecho de presión puede más que el derecho de
expresión. Para justificar la ilegal ocupación de
tierras palestinas, la guerra se llama paz. Los israelíes son
patriotas y los palestinos son terroristas, y los terroristas siembran
la alarma universal.
¿Hasta cuándo los medios
de comunicación seguirán siendo miedos de comunicación?
Esta matanza de ahora, que no es la
primera ni será, me temo, la última, ¿ocurre en
silencio? ¿Está mudo el mundo? ¿Hasta cuándo
seguirán sonando en campana de palo las voces de la
indignación?
Estos bombardeos matan niños:
más de un tercio de las víctimas, no menos de la mitad.
Quienes se atreven a denunciarlo son acusados de antisemitismo.
¿Hasta cuándo seguiremos siendo antisemitas los
críticos de los crímenes del terrorismo de estado?
¿Hasta cuándo aceptaremos esa extorsión? ¿Son
antisemitas los judíos horrorizados por lo que se hace en su
nombre? ¿Son antisemitas los árabes, tan semitas como
los judíos? ¿Acaso no hay voces árabes que
defienden la patria palestina y repudian el manicomio
fundamentalista?
Los terroristas se parecen entre sí:
los terroristas de estado, respetables hombres de gobierno, y los
terroristas privados, que son locos sueltos o locos organizados desde
los tiempos de la guerra fría contra el totalitarismo
comunista. Y todos actúan en nombre de Dios, así se
llame Dios o Alá o Jehová. ¿Hasta cuándo
seguiremos ignorando que todos los terrorismos desprecian la vida
humana y que todos se alimentan mutuamente? ¿No es evidente
que en esta guerra entre Israel y Hezbollá son civiles,
libaneses, palestinos, israelíes, quienes ponen los muertos?
¿No es evidente que las guerras de Afganistán y de Iraq
y las invasiones de Gaza y del Líbano son incubadoras del
odio, que fabrican fanáticos en serie?
Somos la única especie animal
especializada en el exterminio mutuo. Destinamos dos mil quinientos
millones de dólares, cada día, a los gastos militares.
La miseria y la guerra son hijas del mismo papá: como algunos
dioses crueles, come a los vivos y a los muertos. ¿Hasta
cuándo seguiremos aceptando que este mundo enamorado de la
muerte es nuestro único mundo posible?
Eduardo Galeano
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