Tormenta de ideas
Restauración conservadora, republicanismo, injusticia social, constitucionalismo, poderes corporativos, avanzada destituyente, independencia, peronismo, gorilismo y ciudadanía son algunas de las palabras que volvieron a discutirse en la mesa de los argentinos. Una reaparición que, alimentada por la polarización política, encontró eco en los intelectuales que trasladaron sus debates de los claustros a la calle. Y así, con una postura más oficialista, crítica constructiva u opositora según el caso, nacieron tres usinas de pensamiento –Carta Abierta, Grupo Aurora y Club Político Argentino– que pusieron el ojo en el Gobierno, los políticos locales, las necesidades del país, lo que se hizo y lo que resta por hacer.
De una primera mitad de siglo en la que primaron discusiones para pensar la Argentina –y coartada por dictaduras militares que silenciaron las voces–, tras 26 años de democracia y de cara al Bicentenario, el 2009 se caracterizó por la recuperación de una tradición cargada de pasión por la política.
La primera piedra fue lanzada por Carta Abierta. Impulsado por el fallecido Nicolás Casullo, el periodista Horacio Verbitsky y el director de la Biblioteca Nacional, Horacio González, el espacio nació en marzo del 2008 en pleno conflicto entre el Gobierno y el campo, con la decisión de defender la gestión K. Con estilo directo y cartas concluyentes de las asambleas realizadas en la biblioteca ubicada en Agüero y Libertador, el colectivo catalogó la avanzada agropecuaria como parte de la “restauración conservadora”. Con fecha 20 de agosto del 2008, los intelectuales progresistas afirmaron: “Sin retenciones hay limosna. Con retenciones: debate público y politización”. Y continuaron: “La restauración conservadora está en curso y en ella se unifican poderes corporativos –el empresariado nucleado en AEA, la airada Mesa de Enlace, el bloque mediático y algunos políticos–”.
El hito de este espacio –que cuenta entre sus miembros al economista Eduardo Jozami, al filósofo Ricardo Forster y al fundador del Plan Fénix, Alejandro Rofman– fue su carta número seis, broche de oro de un encuentro que realizaron al aire libre, por el avance de la gripe A, en la esquina de Defensa e Independencia. En su carta más reciente –titulada “El tiempo que viene”, en la edición del 22 de diciembre pasado de Página 12–, Carta Abierta analizó la situación política posterior al 28-J y los próximos dos años del gobierno de Cristina Fernández, de cara al Bicentenario de la Revolución de Mayo. “Es necesario configurar un mapa de encuentros y alianzas –expresaron– que procuren la preservación de las mejores políticas desplegadas en estos años. Esas que están en jaque por el bloque de poder dominante.”
La contracara no tardó en nacer. Después de la derrota oficial en las legislativas, nació el Grupo Aurora. Y los cruces entre ambos pasaron a ser como un letrado superclásico del fútbol local. “Reciben un sueldo del Gobierno”, acusaron los liderados por el escritor Marcos Aguinis. “Defienden la democracia de unos pocos”, respondieron los alineados al matrimonio K.
Más solemnes, los auroras se presentaron en el salón Ameghino de la Sociedad Científica Argentina y la estrella del grupo, el best seller y psicoanalista Aguinis marcó su línea inaugural: “El oficialismo ha decidido desoír a la sociedad en medio de un crecimiento sistemático de la pobreza y una decadencia de la calidad educativa jamás vista”, aseguró. En esa ocasión, el abogado constitucionalista Daniel Barovero desafió: “Nuestros miembros provienen de distintas corrientes del pensamiento y somos independientes: no dependemos del Gobierno”, en clara alusión a Carta Abierta.
Críticos del kirchnerismo, en este grupo se reagrupan los ideólogos más conservadores de la derecha como el flamante ex ministro de Educación porteño Abel Posse, el ex ministro de Justicia y Derechos Humanos Jorge Vanossi, el constitucionalista Daniel Sabsay y el ex rector del Colegio Nacional Buenos Aires Horacio Sanguinetti. Su impronta se refleja en cada una de sus ideas: comparan al ex presidente Néstor Kirchner con Juan Manuel de Rosas, reivindican a Domingo Sarmiento, critican el acercamiento con Venezuela y Bolivia en el bloque regional y sostienen que el clima reinante en la Argentina es similar al de 1955, antesala de la caída de Juan Domingo Perón. Entre sus propuestas sobresalen la recuperación del federalismo, el respeto por la Constitución y la división de poderes.
Más moderados –pero también paridos al calor del enfrentamiento entre el oficialismo y las patronales agropecuarias, en junio de 2008–, el Club Político Argentino se definió como crítico al Gobierno, no anti-K. “Colocar en el centro de la política la idea de ciudadanía –especificó en su documento inicial– por oposición a dos impulsos que erosionan el sentido de pertenencia nacional: la exclusión y el retraimiento.” Una posición que se endureció en su última diatriba, que apunta a la decisión de Cristina Fernández de utilizar 6.500 millones de dólares de las reservas para engrosar el fondo de desendeudamiento del Bicentenario. “La garantía del pago de la deuda con reservas del Banco Central –expresaron el 20 de diciembre último– es parte de la ‘desagradable aritmética K’.”
El hito del Club, del que participan varios radicales que formaron parte del gobierno de la Alianza, fue su trabajo referido a la renovada gobernabilidad democrática, en el que se propone trabajar en consideraciones estratégicas de cara al 2010. Entre ellas sobresalen: la transformación de la iniciativa de la asignación universal por hijo “en una política de Estado mediante su tratamiento como ley en el Congreso nacional”; la revisión de la ley de medios, a la que consideran “un avance sobre el viejo ordenamiento legal heredado de la dictadura” pero al que es preciso agregarle “la garantía de una autoridad de aplicación autónoma respecto al Gobierno”; la normalización del Indec; y la definición de un programa económico consistente “que despeje las incertidumbres fiscales y financieras que paralizan la inversión, ataque en serio las amenazas inflacionarias (...), revierta el aislamiento regional e internacional y siente las bases de una estrategia de desarrollo inclusiva y sostenible”.
Entre los integrantes de este espacio resaltan Henoch Aguiar, secretario de Comunicaciones durante el gobierno de Fernando de la Rúa y profesor de la UBA; los sociólogos Marcos Novaro y Vicente Palermo; la politóloga María Matilde Ollier, y el historiador Luis Alberto Romero. La estrella, el politólogo Guillermo O’Donnell.
El debate, acalorado o no tanto, quedó servido para todos. Y con diversos gustos. Bienvenido sea.
De una primera mitad de siglo en la que primaron discusiones para pensar la Argentina –y coartada por dictaduras militares que silenciaron las voces–, tras 26 años de democracia y de cara al Bicentenario, el 2009 se caracterizó por la recuperación de una tradición cargada de pasión por la política.
La primera piedra fue lanzada por Carta Abierta. Impulsado por el fallecido Nicolás Casullo, el periodista Horacio Verbitsky y el director de la Biblioteca Nacional, Horacio González, el espacio nació en marzo del 2008 en pleno conflicto entre el Gobierno y el campo, con la decisión de defender la gestión K. Con estilo directo y cartas concluyentes de las asambleas realizadas en la biblioteca ubicada en Agüero y Libertador, el colectivo catalogó la avanzada agropecuaria como parte de la “restauración conservadora”. Con fecha 20 de agosto del 2008, los intelectuales progresistas afirmaron: “Sin retenciones hay limosna. Con retenciones: debate público y politización”. Y continuaron: “La restauración conservadora está en curso y en ella se unifican poderes corporativos –el empresariado nucleado en AEA, la airada Mesa de Enlace, el bloque mediático y algunos políticos–”.
El hito de este espacio –que cuenta entre sus miembros al economista Eduardo Jozami, al filósofo Ricardo Forster y al fundador del Plan Fénix, Alejandro Rofman– fue su carta número seis, broche de oro de un encuentro que realizaron al aire libre, por el avance de la gripe A, en la esquina de Defensa e Independencia. En su carta más reciente –titulada “El tiempo que viene”, en la edición del 22 de diciembre pasado de Página 12–, Carta Abierta analizó la situación política posterior al 28-J y los próximos dos años del gobierno de Cristina Fernández, de cara al Bicentenario de la Revolución de Mayo. “Es necesario configurar un mapa de encuentros y alianzas –expresaron– que procuren la preservación de las mejores políticas desplegadas en estos años. Esas que están en jaque por el bloque de poder dominante.”
La contracara no tardó en nacer. Después de la derrota oficial en las legislativas, nació el Grupo Aurora. Y los cruces entre ambos pasaron a ser como un letrado superclásico del fútbol local. “Reciben un sueldo del Gobierno”, acusaron los liderados por el escritor Marcos Aguinis. “Defienden la democracia de unos pocos”, respondieron los alineados al matrimonio K.
Más solemnes, los auroras se presentaron en el salón Ameghino de la Sociedad Científica Argentina y la estrella del grupo, el best seller y psicoanalista Aguinis marcó su línea inaugural: “El oficialismo ha decidido desoír a la sociedad en medio de un crecimiento sistemático de la pobreza y una decadencia de la calidad educativa jamás vista”, aseguró. En esa ocasión, el abogado constitucionalista Daniel Barovero desafió: “Nuestros miembros provienen de distintas corrientes del pensamiento y somos independientes: no dependemos del Gobierno”, en clara alusión a Carta Abierta.
Críticos del kirchnerismo, en este grupo se reagrupan los ideólogos más conservadores de la derecha como el flamante ex ministro de Educación porteño Abel Posse, el ex ministro de Justicia y Derechos Humanos Jorge Vanossi, el constitucionalista Daniel Sabsay y el ex rector del Colegio Nacional Buenos Aires Horacio Sanguinetti. Su impronta se refleja en cada una de sus ideas: comparan al ex presidente Néstor Kirchner con Juan Manuel de Rosas, reivindican a Domingo Sarmiento, critican el acercamiento con Venezuela y Bolivia en el bloque regional y sostienen que el clima reinante en la Argentina es similar al de 1955, antesala de la caída de Juan Domingo Perón. Entre sus propuestas sobresalen la recuperación del federalismo, el respeto por la Constitución y la división de poderes.
Más moderados –pero también paridos al calor del enfrentamiento entre el oficialismo y las patronales agropecuarias, en junio de 2008–, el Club Político Argentino se definió como crítico al Gobierno, no anti-K. “Colocar en el centro de la política la idea de ciudadanía –especificó en su documento inicial– por oposición a dos impulsos que erosionan el sentido de pertenencia nacional: la exclusión y el retraimiento.” Una posición que se endureció en su última diatriba, que apunta a la decisión de Cristina Fernández de utilizar 6.500 millones de dólares de las reservas para engrosar el fondo de desendeudamiento del Bicentenario. “La garantía del pago de la deuda con reservas del Banco Central –expresaron el 20 de diciembre último– es parte de la ‘desagradable aritmética K’.”
El hito del Club, del que participan varios radicales que formaron parte del gobierno de la Alianza, fue su trabajo referido a la renovada gobernabilidad democrática, en el que se propone trabajar en consideraciones estratégicas de cara al 2010. Entre ellas sobresalen: la transformación de la iniciativa de la asignación universal por hijo “en una política de Estado mediante su tratamiento como ley en el Congreso nacional”; la revisión de la ley de medios, a la que consideran “un avance sobre el viejo ordenamiento legal heredado de la dictadura” pero al que es preciso agregarle “la garantía de una autoridad de aplicación autónoma respecto al Gobierno”; la normalización del Indec; y la definición de un programa económico consistente “que despeje las incertidumbres fiscales y financieras que paralizan la inversión, ataque en serio las amenazas inflacionarias (...), revierta el aislamiento regional e internacional y siente las bases de una estrategia de desarrollo inclusiva y sostenible”.
Entre los integrantes de este espacio resaltan Henoch Aguiar, secretario de Comunicaciones durante el gobierno de Fernando de la Rúa y profesor de la UBA; los sociólogos Marcos Novaro y Vicente Palermo; la politóloga María Matilde Ollier, y el historiador Luis Alberto Romero. La estrella, el politólogo Guillermo O’Donnell.
El debate, acalorado o no tanto, quedó servido para todos. Y con diversos gustos. Bienvenido sea.
No hay comentarios:
Publicar un comentario