DE COINCIDENCIAS Y CASUALIDADES
El 30 de noviembre de 1999 debía dar inicio la cumbre
de la Organización Mundial
del Comercio (OMC) en la ciudad estadounidense de Seattle, un evento que aun
hoy se recuerda por las masivas protestas protagonizadas por miles de
manifestantes -militantes de diversa procedencia y con múltiples
reivindicaciones- que lograron frustrar la “ronda del milenio”. Hoy en Uruguay,
exactamente 15 años después de aquel día, se impone en la segunda vuelta de las
elecciones presidenciales el candidato Tabaré Vázquez del Frente Amplio, una de
las más exitosas experiencias izquierdistas latinoamericanas de resistencia
frente al neoliberalismo que las potencias mundiales han pretendido imponer.
La
Tercera Conferencia
Ministerial de la (OMC), convocada del 30 de noviembre al 2 de diciembre en
Seattle, fracasó por las multitudinarias y organizadas protestas que impidieron
el acceso de los representantes de las naciones al Teatro Paramount donde se
desarrollaría la ceremonia de apertura. Si bien se esperaban unos 3.000
delegados de 144 países, el acto inaugural fue suspendido por los miles de
manifestantes que colmaron las calles de la ciudad convirtiéndola en
intransitable para las comitivas oficiales. Grupos de estudiantes,
sindicalistas, ambientalistas y derechos humanos, entre otros tantos, se reunieron
para repudiar la globalización y las políticas de libre comercio que crean a
cada paso millones de excluidos alrededor de todo el mundo. El gobierno local
declaró el estado de sitio y reprimió a los autoconvocados, aunque no logró
desanimarlos y los reclamos continuaron durante los días posteriores y hasta
conseguir la liberación de aquellos cientos que habían sido detenidos por las
fuerzas policiales.
Por estas horas estoy leyendo el libro “Memorias del
calabozo”, un compendio de historias y recuerdos –duros, tristes y dramáticos-
de dos militantes tupamaros que estuvieron detenidos por la última dictadura
uruguaya durante 13 años. Mauricio Rosencof y Eleuterio Fernández Huidobro, los
protagonistas de aquellos relatos, cuentan con desgarradores detalles la odisea
inhumana que vivieron junto a otro compañero arrestado: José “pepe” Mujica, el
actual presidente uruguayo hasta tanto Tabaré Vázquez asuma el cargo en marzo próximo.
Conocidos los resultados de los últimos comicios, el Frente Amplio cumplirá 15
años ininterrumpidos en el poder en 2020.
A los sucesos en Seattle le sucedieron
manifestaciones similares en el Foro Económico de Davos, en Suiza, en la
asamblea del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial en Washington y
el día de los trabajadores en metrópolis europeas como Londres y Berlín. Las resistencias se multiplicaron en todas las regiones. En América
latina, en los albores del nuevo milenio, esta oposición a las tradicionales
recetas liberales se tradujo en gobiernos democráticos con respaldo popular que
rechazaron las políticas inauguradas al calor del Consenso de Washington. Tras
reiterados intentos fallidos, Hugo Chávez asumió la presidencia de Venezuela en
1999 con su Revolución Bolivariana. En Brasil, Lula Da Silva hizo lo propio en 2003.
Ese año, luego del gran estallido social que sufrió Argentina, Néstor Kirchner se
convirtió en primer mandatario. En 2006, Evo Morales se transformó en el primer
presidente indígena en la historia de Bolivia. Al mismo tiempo, Michelle
Bachelet era elegida para gobernar Chile. Como un intento de superar el neoliberalismo de la década anterior, cada una de las naciones mencionadas tomó su propio camino e intentó unirse en un bloque regional estratégico. Han tenido avances y retrocesos, triunfos y fracasos, contradicciones inherentes a sus conformaciones político-ideológicas. Todas estas sociedades también exhiben hoy logros consumados y deudas pendientes.
El movimiento de resistencia a la OMC fue un hito en la denuncia
contra los excesos del sistema capitalista y contra el libre comercio al que
apuestan los gigantes del primer mundo, ideas responsables de las crecientes
desigualdades sociales a escala mundial y de la sobre explotación de los
recursos naturales en beneficio de un diminuto
grupo selecto pero en desmedro de una mayoría bastardeada. El legado de
aquellas jornadas, con los matices propios de la dinámica social, política y
económica que ha inaugurado el siglo XXI, perdura al menos de algún modo en
Latinoamérica. Coincidencia o pura casualidad, el 30 de noviembre es una fecha
emblemática para todos aquellos que soñamos con un mundo más equitativo y
justo. Tal vez, cada 15 años tendremos alguna señal de que marchamos en sentido
correcto.